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Puzzle «La Persistencia de la Memoria» de Salvador Dalí

A diez días de un día importante en mi vida me viene esta reflexión, surge este texto que nació sin demasiadas vueltas. Las palabras aparecían en mi mente y se trasladaban al blog directamente. Un texto en vivo, un impulso literario, unas palabras escritas sin querer y queriendo que perduren mucho tiempo. Porque así nacen, de cuando en cuando, las palabras y como muestra estas nacidas en una conversación de whatsapp:

Carta al Tiempo
No hay mayor enemigo que el tiempo que se enfrenta a ti constantemente, que te mira de frente, se encara y se sincera cada vez que en el espejo te reflejas. Enemigo eres tiempo porque atrás de mí me persigues, me acosas, me instigas y me empujas, porque no tengo respiro, porque ahí sigues obligándome a caminar hacia adelante. Diriges mi mirada al frente sin permitir atisbar lo que de mí va quedando. Porque no sé qué voy dejando en este camino, porque todo son suposiciones y porque imagino que todo está bien porque aquí sigo, ¡en pie!
Sólo tengo mi memoria. Sólo me quedan los recuerdos que son las imágenes que no me has podido arrancar. Imágenes y momentos que guardo en un lugar y que no quiero que las encuentres, las manipules y se desvirtuen con el transcurrir de tu tiempo.
Te quiero cerca a pesar de todo, te quiero a mi lado porque eres la representación de que mi contador sigue activo. «Quiero a mis enemigos cerca que de mis amigos me encargo yo«, haciendo mías las palabras de Voltaire que no son más que palabras sabias que merecen un lugar en la memoria donde persistan en el tiempo.
El Tiempo no es el enemigo, no. Nuestro enemigo es la lentitud con la que afrontamos los cambios, el miedo a afrontarlos de frente, la tozudez de aceptarlos o la negación a cambiar y madurar lo que vamos creando. Nuestro enemigo somos nosotros mismos.
Somos los que crecemos, aprendemos, maduramos y cambiamos. Somos dueños del tiempo y conquistadores de cada segundo que gobierna nuestra vida.

Isa Ruiz 

Significado del Cuadro:
La obsesión por el paso del tiempo y la obsesión por el espacio fueron los argumentos más utilizados por Dalí en su arte. Es, por otro lado, la culminación de la imagen del gran masturbador, que había tenido un gran impacto en el espectador. El reloj no sirve, no es materia, no funciona, de manera que aparece la estructura blanda simbolizando la idea pasional, vivencial y no racional, sobre la cabeza del gran masturbador como una masa viscosa, con un ojo, una pestaña y una gran nariz. Es el triunfo de los sueños que no están controlados por nada, es el canto al triunfo del deseo sobre la realidad. En definitiva, la capacidad de Salvador Dalí para mostrar, mediante imágenes inéditas, los mitos eternos del ser humano. Otros estudiosos insisten en la victoria del deseo sobre la presencia obsesiva del tiempo. Parece que estaba vinculado a una reflexión sobre la teoría de la relatividad, en la cual la postura de Dalí, que abogaba por acabar con el existencialismo y con la angustia del hombre ante su propio destino, lideraba a un gran sector del público.  (Fuente: http://www.artehistoria.com/v2/obras/9548.htm )