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La Gaviota Antón P. Chejov

Nina: ¿Por qué ha dicho que besa la tierra donde yo he pisado? ¡Alguien debería matarme! (Se derrumba sobre la mesa). ¡Estoy tan cansada!…, sólo descansar! (Levantando la cabeza). Soy una gaviota… No, no es eso. Soy una actriz. ¡Oh, sí! (Fuera de escena se oyen las risas de ARKADINA y TRIGORIN. NINA escucha, corre luego hacia la puerta de la izquierda y se pone a mirar por la cerradura). ¡Entonces, él también está aquí!… (Vuelve junto TREPLIOV) ¡Oh, bueno!… ¡No importa! Sí… Él no creía en el teatro; siempre se reía de mis sueños… Y yo también, poco a poco, fui perdiendo mi fe en él; me fui desanimando… ¡Y todo ello unido a mi amor y mis celos, y a la constante preocupación de mi hijito!… Me volví mezquina y vulgar; cuando actuaba lo hacía sin saber cómo…; no sabía qué hacer con las manos, o cómo comportarme en escena. Perdí el control de mi voz… ¡Pero usted no puede imaginarse lo que se siente, cuando se sabe que se está representando un papel de manera abominable! Soy una gaviota. No, no se trata de eso. ¿Recuerda usted que un día mató una gaviota?… Un hombre llegó aquí casualmente y, por hacer algo, mató a la  gaviota. Un tema para una pequeña narración… No es eso. (Se frota la frente con la mano). ¿De qué estaba hablando?… Sí, del teatro. ¡Ya no soy así! ¡Ahora soy una verdadera actriz, represento mis papeles con inmenso placer…, con entusiasmo. ¡En escena se apodera de mí como una embriaguez, y me siento realmente maravillosa! Pero ahora, mientras vivo aquí, ando…, ando interminablemente y, mientras ando y reflexiono, siento cómo crece de día en día el poder de mi alma. Ahora, Kostia, creo saber que lo verdaderamente importante en nuestras profesiones, tanto cuando se escribe como cuando se interpreta, no es la gloria, ni el brillar, ni todas esas cosas con las que yo soñaba…, sino el aprender a soportar el sufrimiento. ¡Soportar la cruz y tener fe! Yo tengo fe ahora, y ya no sufro tanto. ¡Y cuando pienso en mi vocación dejo de tenerle miedo a la vida!

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